Lourdes Vázquez
La imaginacion liberada
Miguel Angel Perdomo
La obra literaria más interesante suele ser
aquella que suscita en el lector una sensación de extrañeza. Tal sucede
en el puñado de relatos que componen el libro La mujer, el pan y el pordiosero
(México: Eón, 2010), de Lourdes Vázquez. En estos la experiencia sufre
un proceso de destilación a través de la memoria; la realidad se
reorganiza de manera inaudita, adquiriendo el filo inquietante de la
poética neofantástica. La voz narradora se convierte en demiurgo y el
proceso creativo se torna inverso: la ficción no hunde sus raíces en la
realidad. Más bien la literatura funda la realidad, un universo donde
el milagro es posible, liberado de todas las trabas de la física. Así,
hay momentos como en “El turismo apacible” que la prosa alcanza su cima
y adquiere vida autónoma, sometiendo lo referencial a sus leyes; la
convierte en materia dúctil que concreta el mundo a través del poder de
las palabras. Por eso hay textos paralelos, cartas, grabaciones
magnetofónicas, fragmentos de narraciones escritas por los personajes,
que irrumpen y se imponen como buscando quebrar el monopolio de la voz
narradora. Todo parece tener vida propia, negando el reino de la
racionalidad.
Barcelona, Nueva York, Florida son lugares donde las escenas
surgen como hongos alucinógenos; se arman y desarman y parecen piezas
autónomas de un collage que se ilumina de vez en cuando con las luces de
un proyector. Pero siempre como trasfondo están las islas del Caribe
con su belleza equívoca y sus pequeños infiernos, ya sea el Haití
pesadillesco o Puerto Rico la isla natal. Cada secuencia puede tener
fisuras que develan otra dimensión, otros paraísos, como indica el
epígrafe de Slajov Zizek que abre las compuertas del microcosmos de
este libro. Los personajes de Lourdes Vázquez habitan en un ámbito
propio, rodeados de su soledad donde las palabras parecen signos
inútiles, fuegos artificiales, que intentan una comunicación no siempre
efectiva. Al final hay algo amenazante, al acecho, como los
cocodrilos, dioses insomnes en “Feeding Habits”, que el lector percibe
entre el escalofrío y la sorpresa. Igual que en los cuadros
de Edward Hopper, a quien se menciona en “Acertijos”, los personajes
de Lourdes Vázquez son seres que moran junto a las ventanas, mirando
una vida que se les escapa; mujeres desnudas y perplejas en medio de
dormitorios inhóspitos. O pueden haber llegado de una tela festiva de
Bruegel el Viejo. El texto mismo es una habitación inmensa que el
impulso comunicativo va poblando de objetos abigarrados de arte deco o
modernista; de tiendas, hoteles, salones de bellezas, cuadros... Es una
realidad gobernada por el absurdo, y guardada por ángeles con corazón
de caucho. En los trece relatos la expresión “multicultural” adquiere
sentido pleno.En fin, este es un libro para aquellos que aún puedan recordar que el sueño de la razón produce monstruos si no está gobernado por la lucidez imaginativa: en este caso, de Lourdes Vázquez.
Revista Carátula núm. 45
http://www.caratula.net/ediciones/45/index.php
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